El Febo Abel

Abel el Dios Sol


Un dios que vuelve por venganza a ejecutar el castigo a los humanos.

Edad: es un Dios, asique es eterno
Altura: 1,87 metros


. Datos más Profu
ndos

Abel llega repentinamente con Saori, anunciándole que ha sido enviado por los Dioses a aplicar el castigo divino ya que la humanidad ha sido corrompida y no aprecia lo que los dioses generosamente le han regalado (parece que a Abel le gusta tomar el té).

Para cumplir su cometido, trae con el a sus Guerreros de la Corona, que lo protegen, y decide llevarse a su hermana Atena con el (ambos son hijos de Zeus) para evitar su muerte y tener su merecido reencuentro. Para más protección para su hermana, revive a los Santos de Oro que murieron en la Batalla de las Doce Casas, dándoles vida nueva con la promesa de que cuidarían a su Diosa. En el caso de Mascara de la Muerte, le entrega su armadura pero esta vez regida por su poder y no del de Atena, asique no se volvería en su contra.

Cuando aparecen los Santos de bronce, Abel les informa que ahora Atena estará con el, y que los Santos de Oro, sumados a sus guardianes, protegerán a su diosa. Ninguno de los Santos acepta lo que acaban de ir e intentan ponerse en contra de Abel, pero Camus, Saori y los guerreros de la corona, los detienen de palabra o a la fuerza.

Abel impide que su mejor guerrero (Atlas) mate a Seiya, y parte con su hermana al Templo de la Corona, ubicado en las cercanías del Santuario.

Allí pasan unos momentos muy cursis, y que no parecen de hermanos, sino mas de novios. Todo era tranquilidad y amor entre ellos, hasta que Atena decide tomar cartas en el asunto: no podía dejar que Abel matara a todos los seres humanos. Por eso, mientras Abel toca la lyra para ella, lo ataca, sin efecto porque Abel es más poderoso que ella y tiene mucho más con que atacarla.

El se lamenta terriblemente que su querida hermana se ponga en su contra y, con lágrimas en los ojos, la mata entendiendo que ella no le permitiría seguir con su misión. Para asegurarse que su descanso sea el correcto, decide guiarla con su cosmo hasta los Campos Elíseos, donde tendría un descanso pacífico.

Cuando Shura y Camus se levantan en su contra, se puede ver que realmente esta apenado por lo sucedido, pero no tenía mas opción. Se lleva dentro del templo a la muerta Atena, y la deja reposando cerca de su trono, visitándola a cada rato, besando sus labios (si, los labios) o su mano. Igualmente, ya se sabe que los Dioses poco respetan los lazos de familia...

Como sea, Abel no revive a Saori, y sigue guiándola con su cosmo hacia aquel paraíso preparado sólo para ella. Pero sabemos gracias a Mascara de la Muerte (el experto en muertos e infierno), que no es un paraíso total, ya que sería un alma en pena y vagante, esperando cada día poder volver a la vida.

Mientras Abel sufría de remordimientos por lo que había hecho, decidió darle ataúd a Atena, por lo que ordena que Cygnus Hyoga llegue al Templo sin ser interrumpido. Al llegar este, el mismo sale a recibirlo y le pide que haga un ataúd de hielo que no se derrita en cientos de años para que la belleza de su hermana se conserve para siempre. Hyoga se niega rotundamente y lo amenaza con hacer un ataúd pero para él. Abel no se siente muy intimidado que digamos, y regresa al interior del Templo, pero deja a Belensherd para que pelee con el.

Allí dentro, el Dios sólo permanece con su hermana o sentado en su "trono" esperando a que el momento adecuado llegue para comenzar a destruir el planeta entero. Y así permanece, hasta que siente que el cosmo de los Santos de bronce se eleva, viendo el resplandor de las Armaduras Doradas a la par de la caída de su último guerrero: Atlas.

Apenas sintió la entrada de los tres Santos dorados, utilizó su poder con el que deja fuera de combate a Hyoga y Shiryu, que protegieron a Seiya del impacto. Cuando el Pegaso intentaba avanzar, Abel comenzó con la destrucción del mundo, usando su cosmos para provocar erupciones volcánicas, terremotos y todos los fenómenos naturales que acabarían con la humanidad.

El Pegaso continuó el camino, lanzándole Meteoros que Abel regresaba: todo poder que se usara contra un Dios, sería devuelto en su contra. Y Seiya no fue la excepción, ya que una y otra vez cayó por su propio golpe, pero extrañamente, cada vez lograba acercarse más y más al Dios. Abel estaba muy asombrado de que Seiya pudiera levantarse y acercarse a el, al punto de que solo unos centímetros separaban el abdomen de Abel del puño del Pegaso.

El Santo continuaba, pero el Febo terminó por tirarlo al suelo, quedando ya sin mucha energía para levantarse.

Ahí fue cuando, todos los Santos elevaron su cosmo al máximo, superando el cosmo del Febo y librando a Atena de su control, que volvió a la vida ante el total asombro de su hermano.

Abel comentó que ella no debió haber revivido solo para asistir a la destrucción total, pero Saori le dejo claro que ella es la Diosa que protegía a los seres humanos, y que por sus actos no merecía el título de Dios: era un dios falso. Abel continuó con sus planes, cuando escucho a Seiya llamarlo: lo estaba apuntando con la flecha de Sagitario.

El no creía que Seiya pudiera dispararle, pero al verlo elevar su cosmo y tensar el arco, dudó. No sabía si era miedo o admiración por el Santo lo que sentía. Pero no tuvo mucho tiempo para pensarlo, Seiya disparó y la flecha atravesó su pecho, tirándolo hacia atrás, siendo aplastado por su propio templo.

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