Abel llega repentinamente con
Saori, anunciándole que
ha sido enviado por los Dioses a aplicar el castigo divino ya que la humanidad ha sido corrompida y no aprecia
lo que los dioses generosamente le han regalado (parece quea Abel le gusta
tomar el
té).
Para cumplir su cometido, trae con el a sus
Guerreros
de la Corona, que lo protegen, y decide llevarse a su hermana Atena con
el (ambos son hijos de Zeus) para evitar su muerte y tener su merecido
reencuentro. Para más protección para su hermana, revive a los Santos
de Oro que murieron en la Batalla de las Doce Casas, dándoles vida nueva
con la promesa de que cuidarían a su Diosa. En el caso de
Mascara de la
Muerte, le entrega su armadura pero esta vez regida por su poder y no
del de Atena, asique no se volvería en su contra.
Cuando aparecen los Santos de bronce, Abel les
informa que ahora Atena estará con el, y que los Santos de Oro, sumados
a sus guardianes, protegerán a su diosa. Ninguno de los Santos acepta
lo que acaban de ir e intentan ponerse en contra de Abel, pero
Camus, Saori y los guerreros de la
corona, los detienen de palabra o a la fuerza.
Abel impide que su mejor guerrero (Atlas)mate a
Seiya, y parte con su hermana al Templo de la Corona, ubicado en las
cercanías del Santuario.
Allí pasan unos momentos muy cursis, y que no
parecen de hermanos, sino mas de novios. Todo era tranquilidad y amor
entre ellos, hasta que Atena decide tomar cartas en el asunto: no podía
dejar que Abel matara a todos los seres humanos. Por eso, mientras Abel
toca la lyra para ella, lo ataca, sin efecto porque Abel es más
poderoso que ella y tiene mucho más con que atacarla.
El se lamenta terriblemente que su querida hermana se ponga en su
contra y, con lágrimas en los ojos, la mata entendiendo que ella no le
permitiría seguir con su misión. Para asegurarse que su descanso sea el
correcto, decide guiarla con su cosmo hasta los
Campos Elíseos, donde tendría un descanso pacífico.
Cuando
Shura y Camus se levantan en su contra, se
puede ver que realmente esta apenado por lo sucedido, pero no tenía mas
opción. Se lleva dentro del templo a la muerta Atena, y la deja
reposando cerca de su trono, visitándola a cada rato, besando sus labios
(si, los labios) o su mano. Igualmente, ya se sabe que los Dioses poco
respetan los lazos de familia...
Como sea, Abel no revive a Saori, y sigue guiándola
con su cosmo hacia
aquel paraíso preparado sólo para ella. Pero sabemos gracias a Mascara
de la Muerte (el experto en muertos e infierno), que no es un paraíso
total, ya que sería un alma en pena y vagante, esperando cada día
poder volver a la vida.
Mientras Abel sufría de remordimientos por lo que
había hecho, decidió darle ataúd a Atena, por lo que ordena que
Cygnus Hyoga llegue al Templo sin ser interrumpido. Al llegar este, el
mismo sale a recibirlo y le pide que haga un ataúd de hielo que no se
derrita en cientos de años para que la belleza de su hermana se
conserve para siempre. Hyoga se niega rotundamente y lo amenaza con
hacer un ataúd pero para el.
Abel no se siente muy intimidado
que digamos, y regresa al interior del Templo, pero
deja a Belensherd para que pelee con el.
Allí dentro, el Dios sólo permanece con su hermana o
sentado en su "trono" esperando a que el momento adecuado
llegue para comenzar a destruir el planeta entero. Y así permanece,
hasta que siente que el cosmo de los Santos de bronce se eleva, viendo
el resplandor de las Armaduras Doradas a la par de la caída de su
último guerrero: Atlas.
Apenas sintió la entrada de los tres Santos dorados,
utilizó su poder con el que deja fuera de combate a Hyoga y Shiryu, que protegieron a Seiya
del impacto.
Cuando el Pegaso intentaba avanzar, Abel comenzó con la destrucción del mundo,
usando su cosmos para provocar erupciones volcánicas, terremotos y
todos los fenómenos naturales que acabarían con la humanidad.
El
Pegaso continuó el camino, lanzándole Meteoros que Abel regresaba: todo
poder que se usara contra un Dios, sería devuelto en su contra. Y Seiya
no fue la excepción, ya que una y otra vez cayó por su propio golpe,
pero extrañamente, cada vez lograba acercarse más y más al Dios. Abel
estaba muy asombrado de que Seiya pudiera levantarse y acercarse
a el,
al punto de que solo unos centímetros separaban el abdomen de Abel del
puño del Pegaso.
El Santo continuaba, pero el Febo terminó por
tirarlo al suelo, quedando ya sin mucha energía para levantarse.
Ahí fue cuando, todos los Santos elevaron su
cosmo al máximo, superando el cosmo del Febo
y librando a Atena de su control, que volvió a la vida ante el total
asombro de su hermano.
Abel comentó que ella no debió haber revivido solo para
asistir a la destrucción total, pero Saori le dejo claro que ella es la
Diosa que protegía a los seres humanos, y que por sus actos no
merecía el título de Dios: era un dios falso. Abel continuó con
sus planes, cuando escucho a Seiya llamarlo: lo estaba
apuntando con la flecha de Sagitario.
El no creía que Seiya pudiera dispararle, pero al
verlo elevar su cosmo y tensar el arco, dudó. No sabía si era miedo o
admiración por el Santo lo que sentía. Pero no tuvo mucho tiempo
para pensarlo, Seiya disparó y la flecha atravesó su pecho, tirándolo
hacia atrás, siendo aplastado por su propio templo.